sábado, 2 de mayo de 2015

El desafío de crear la realidad de manera conciente: el pensar voluntario


¿Cómo crear voluntariamente pensamientos? Se cuenta que el padre del ilusionista Harry Houdini educó a su hijo en la observación. Caminando por las calles de Londres, lo desafiaba preguntándole: ¿Cuál es el contenido de los escaparates en las tiendas de las veredas transitadas? Para responder, el niño comenzó a mirar atentamente el contenido de las vidrieras. Con el tiempo, con sólo lanzar una simple mirada, retenía en su mente los mínimos detalles.

En lo cotidiano, es frecuente mirar sin observar. Si preguntamos a alguien ¿qué piensa sobre lo que (supuestamente) está observando?, puede respondernos: “nada, estaba pensando en otra cosa”. La costumbre de observar con atención y rapidez permite pensar con claridad. La confusión deriva de la imprecisión en las representaciones o imágenes que arriban al cerebro.

Inicialmente, en nuestra mente, los pensamientos se agolpan sin convite previo. ¿Creamos nuestros pensamientos o ellos nos crean a nosotros? ¿Cuál es su origen? ¿Será posible educarnos en qué y cómo pensar?

Nuestro reto para desplegar el poder de los pensamientos será, mediante la voluntad: tomar el control; liberarnos del “pensar involuntario” y avanzar en desplegar el increíble poder de los pensamientos. El proceso es trabajoso y requiere atravesar sucesivas experiencias. Para expandir coherentemente nuestro potencial, cada avance, deberá integrar la habilidad antecesora.

La presteza en el uso del poder de los pensamientos es condición necesaria para liberarnos de la prisión del “pensar involuntario”, la confusión y la falta de discernimiento sobre lo que “las cosas son”. Me propongo ofrecer algunas pistas sobre “las posibles etapas” que se suceden en ardua tarea de educarnos para ejercer el poder sobre nuestros pensamientos.

La mente registra en el cerebro infinidad de impresiones –o imágenes– de contenido simbólico. En un proceso, desconocido para la mayoría de nosotros, produce: comparaciones, interpretaciones, adiciones; en suma, multiplicidad de relaciones. La mente decodifica lo que perciben nuestros sentidos. Si ampliamos nuestras percepciones, la mente recibirá mayores y desconocidas impresiones.

El número de sinapsis –o interrelaciones cerebrales– se acrecienta cuando se expande lo que perciben nuestros sentidos. Es análogo a cambiar de un telescopio de media potencia a otro de alta: podremos explorar lugares desconocidos, y obtener más precisión respecto de los conocidos.

¿Cómo crear voluntariamente pensamientos? Sin duda, una marcha que requiere persistencia y fortaleza, cada uno, según su naturaleza y en su propio tiempo. Sin embargo, conociendo tal arte, los educadores podríamos facilitar, a los niños, los primeros arneses para la travesía hacia tan empinadas laderas.

En el trayecto, se sucederán etapas de progreso:

a) pensar involuntario;

b) observación;

c) memoria expandida;

d) concentración;

e) contemplación;

f) silencio;

g) la iluminación, un privilegio de pocos, reservado sólo para instancias muy avanzadas de la conciencia.

El ascenso a las altas cumbres del pensar parece arrojarnos a una situación paradojal. El poder de los pensamientos se alcanzaría con su ausencia: el silencio. ¿Acaso, en el silencio lo incognoscible se nos revelaría?, ¿será que en las cumbres silenciosas podremos arribar a la omini-ciencia?

Margarita Llada

Autora de: El poder creador de la conciencia. Una teoría integradora de la evolución humana, editorial Dunken, 2013.

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